jueves, 14 de diciembre de 2017

Me cambia la voz

Es ella.
Siempre ha sido ella.
Me mira, de esa forma tan suya,
como si viera el otro lado del horizonte en mis ojos,
y me cambia la voz.
Me sonríe, con esa naturalidad tan salvaje,
como sonríe un lobo a la luna,
y me cambia la voz.
Me acaricia, con esa descuidada delicadeza,
como quien balancea una copa llena de vino
sin que caiga ni una gota,
y
me cambia
la voz.
Que no es el estirón,
ni que me haya dejado la garganta en la primera fila de un concierto,
ni a los pies de ninguna cama,
ni en la última manifestación antitaurina.
Que no,
que no he empezado a beber leche con miel,
no me he apuntado a ningún coro
ni uso máscara con distorsionador.
Os juro que es algo completamente ajeno a mí
y a mi control,
que es ella,
todo culpa suya.
Porque soy de esas personas
que se nos nota en el brillo de la piel,
en la curva de la sonrisa
y en el tono de voz
cuándo somos jodidamente felices.

L.W.

miércoles, 5 de abril de 2017

Imposible poesía

Siento la necesidad de describir con palabras dignas de llevar tu nombre cómo me haces temblar cada vez que me miras de frente, esbozas esa sonrisa imposible y te vuelves el ser más perfecto del universo justo ahí, ante mis ojos.

Que nunca dejas de serlo pero cuando sonríes ni los dioses osan contradecirme, porque eres una de esas maravillosas criaturas que enamorarían a Cupido, que harían palidecer a la aurora boreal, que despejan las dudas a parpadeos, que espantan los miedos a besos.

¿Recuerdas ese "nosequé" especial en tu forma de mirarme que te mencioné en otros poemas?

Ya sé lo que es, o eso creo.

Magia.

Ese concepto te define de arriba a abajo porque tú eres pura fantasía.

El sueño de los ángeles.

El deseo de las estrellas fugaces.

Eres aquello que buscan todos los unicornios. El tesoro que cualquier dragón desearía proteger. El misterio que Sherlock Holmes no pudo resolver.

Eres el crimen perfecto. La laguna de los genios. El ingrediente secreto de la vida. La inspiración de las musas. El miedo de la muerte. El ojo del huracán. La canción que Sabina nunca pudo terminar.

Eres todos los imposibles que hago cada mañana antes de desayunar. La sombra del sol. La sonrisa de la luna.

Y después de todo, aún te atreves a hacerme esa pregunta que Becker se me adelantó a responder.

"¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... Eres tú."

L.W.

miércoles, 8 de febrero de 2017

La suerte del diablo

Aún me cuestiono quién habrá sido el oportuno descuidado al que le debo la gratitud de haberse dejado abiertas las puertas del cielo, el día que tú te escapaste de él. También me pregunto por qué habrá sido esta diabla la afortunada de cruzarse con el destello de tus alas blancas. Hallé un hogar en el fuego de tu pelo y pese a ser de mundos tan distintos, cogidas de la mano nos sentí iguales; como dos piezas de puzle hechas para encajar juntas y dibujar la obra de arte más bonita del mundo, que probablemente se parezca a aquel corazón del vaho del cristal que llevo tatuado en la memoria.

Empezamos tentando a la suerte y las que cayeron fuimos nosotras, pero tumbada a tu costado lo último que quiero es volver a levantarme. Ahora que el atardecer se ha quedado atrapado en el brillo de tus ojos aún mucho después de salir la luna, no quiero dejar de mirarte; aunque vaya en contra de mi naturaleza, aunque la luz queme mis tinieblas, prefiero arder bajo la lumbre de tu sonrisa que helarme alejada de tu abrazo.

Ahora que el limbo está a la espera, que no se sabe si cielo, infierno o tierra; que todo arde y todo se hiela, que solo late lo que tú tienes cerca; ahora que eres vida, muerte, libertad y condena; que no nos retienen ningunas cadenas; que volamos alto, donde las nubes ya no llegan; que estamos solas y lejos de las rejas; que no nos olvidan, los que nos recuerdan; que el mundo al fin gira al son de nuestra letra... Ahora que los besos que no nos robaron nos los regalamos, ahora que la suerte lleva tu apellido, ahora que acierta Cupido, y la luna brilla más al oír nuestro aullido. Ahora que el peligro está extinto, que todo es eterno, que vivimos presente; que los tequiero que digo son más verdaderos y mi amigo el olvido me besa la frente. Sólo necesito tu mano para afrontar todos los acantilados de los mares de poniente.

L.W.