Es ella.
Siempre ha sido ella.
Me mira, de esa forma tan suya,
como si viera el otro lado del horizonte en mis ojos,
y me cambia la voz.
como si viera el otro lado del horizonte en mis ojos,
y me cambia la voz.
Me sonríe, con esa naturalidad tan salvaje,
como sonríe un lobo a la luna,
y me cambia la voz.
como sonríe un lobo a la luna,
y me cambia la voz.
Me acaricia, con esa descuidada delicadeza,
como quien balancea una copa llena de vino
sin que caiga ni una gota,
y
me cambia
la voz.
como quien balancea una copa llena de vino
sin que caiga ni una gota,
y
me cambia
la voz.
Que no es el estirón,
ni que me haya dejado la garganta en la primera fila de un concierto,
ni a los pies de ninguna cama,
ni en la última manifestación antitaurina.
Que no,
que no he empezado a beber leche con miel,
no me he apuntado a ningún coro
ni uso máscara con distorsionador.
ni que me haya dejado la garganta en la primera fila de un concierto,
ni a los pies de ninguna cama,
ni en la última manifestación antitaurina.
Que no,
que no he empezado a beber leche con miel,
no me he apuntado a ningún coro
ni uso máscara con distorsionador.
Os juro que es algo completamente ajeno a mí
y a mi control,
que es ella,
todo culpa suya.
Porque soy de esas personas
que se nos nota en el brillo de la piel,
en la curva de la sonrisa
y en el tono de voz
cuándo somos jodidamente felices.
y a mi control,
que es ella,
todo culpa suya.
Porque soy de esas personas
que se nos nota en el brillo de la piel,
en la curva de la sonrisa
y en el tono de voz
cuándo somos jodidamente felices.
L.W.
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